28 diciembre, 2007

VICTORIA

No había imaginado a la soledad tan sedienta. Había llegado, como siempre, pero nada era igual. No sabía si ese silencio tan absurdo se desprendía de las paredes, o era que su propio desgano configuraba la vida así: Tan monótona.
No sabía si iba o tenía que ir… De hecho había pensado que lo único que necesitaba era estar; estar en tierra, en el piso, en el cielo, en todo, en nada. No pensaba.
Caminaba despacio, había llegado tarde, pues los años pesaban sobre su andar; la mirada triste delataba el peso de los años que se habían ido, pero que seguirían buscándola eternamente. Serena calma, una locura casi irreconocible: La belleza exacta de su juventud, de esa eterna primavera… pero que se fue sin dejar rastro (ojos claros de luna que se iba y se ocultaba cerca al sol. Un cielo púrpura de fulgores gris-azul)
Ella lo sabía. No iba a intentar detener el destino. Su cruz no le permitía cuestionar los designios divinos… No le permitía forjar una idea de la justicia que escapara de las concepciones dogmáticas… así que se quedo en silencio, al costado de la cama, mientras algunas lágrimas intentaban escapar de sus ojos.

No habían pasado tres días cuando me enteré que también había muerto… Esa soledad tan cruel no está hecha para los mortales, menos aún para aquellos que han vencido en mil batallas, que se han levantado por encima de los problemas. Ella era así, victoria de mil batallas; Victoria de momentos que se fueron sin decir adiós.
Había llorado a su madre; no había llorado lo que era, sino lo que fue. Y pensaba que tal vez todo era para mejor, ya su salud había decaído bastante… su memoria no permitía que dibujase figuras en la noche o que recordara a su hija. Sus manos débiles se agitaban iracundas, pues era un niño de mucha edad… así era ella…

Habían dicho, los doctores, que solo quedaba esperar… y todos sabíamos, en el fondo, que era lo mejor… que así no sufriría más… ¿Pero que pasaría con ella?... Cuidar a su madre era todo lo que tenía. Sufría, pero era feliz sintiéndose necesitada ¿Podría manejar la situación? ¿Podría, también, vencer en esta ocasión?
Le jugo una broma al destino, creo. Se fue sin decir nada… feliz y triste… sus ojos ya no gritaban en silencio, ya todo era paz… era exactamente lo mismo, pero completamente diferente… ¿Victoria?

¿Había vencido? No lo sé, no podría decir que lo hizo… diré, en cambio, que yo habría hecho lo mismo.

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